ventana, desde su reflejo, veo el mundo: Nueva Zelanda, Chile, Tokyo, Sydney, Bruselas, Londres, París, Madrid... El globo terráqueo en el mejor escaparate, al que pego mi nariz hasta parecer un cíclope.¿Y qué te voy a decir? Se me ha puesto la cabeza del revés, poco a poco, como la aguja del reloj del que nos comimos las horas, inexorablemente. Y es que Chagall sabía bien qué pintaba sobre las nubes de los cielos de París. Por eso es bueno que esta historia hable de áticos y buhardillas, casas con gato y piano, mientras en el tejado hay una cabra violinista velando mis sueños.