3.12.09

P. de París

El presente es continuo, como las calles que nos acogen, las mismas en las que nos encontramos. Y el cielo es naranja por la noche, pero los tejados siempre son azules hasta el amanecer. Contemplé la ciudad desde allí arriba, donde no llega el ruido de los coches, pero sí un violín no muy distante. Desde esa ventana, desde su reflejo, veo el mundo: Nueva Zelanda, Chile, Tokyo, Sydney, Bruselas, Londres, París, Madrid... El globo terráqueo en el mejor escaparate, al que pego mi nariz hasta parecer un cíclope.

¿Y qué te voy a decir? Se me ha puesto la cabeza del revés, poco a poco, como la aguja del reloj del que nos comimos las horas, inexorablemente. Y es que Chagall sabía bien qué pintaba sobre las nubes de los cielos de París. Por eso es bueno que esta historia hable de áticos y buhardillas, casas con gato y piano, mientras en el tejado hay una cabra violinista velando mis sueños.

2 comentarios:

  1. Qué bonito es tener la cabeza del revés...

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  2. ¿Por qué no se publicó mi comentario del otro día? Hice una reflexión bonica bonica sobre las P's, ahí, a cascoporro ;)

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