20.1.10

Nunca formaría parte de un club que me admitiera como socio

Antes, cuando pasaba algo de verdad, algo importante me refiero, la gente salía a la calle. Puede que porque se creía necesario, puede que porque se creía en ello, puede que por dar la cara, poner la cara o que la cara de uno saliese en primera plana. Claro que muchos y muchas lo hacían por ser vistos, para favorecer la masturbación del público y el voyeurismo moralista de siempre.

Lo que realmente importa es q
ue no tenía nada que ver nunca con el hecho que se pintase con el espray en las pancartas. Lo que al final permanece no es la pancarta sino la cantidad, la masa (y es la misma que reclama y se alza en revoluciones, la misma que lincha y atropella, pero eso es otro tema). La unidad que se respiraba, el cuerpo hundido en ese gran cuerpo de todos, el saber que algo nos unía y nos movía (daba lo mismo el qué o el quién), y que pasase lo que pasase estaríamos juntos gritando, luchando y quizá muriendo.

Hoy en día la masa es un asno al que se le ha colgado delante de sus ojos una zanahoria en un palo. Y quizá siempre nos quedaría la fe en el individuo, pero creo que incluso ahora todo eso empieza a fallar. Y estoy muy cabreado por ello.

No puedo hablar de la decadencia, porque más bien conozco poco de la historia al haber vivido 23 años. Tampoco soy un nostálgico que no sabe adaptarse a los cambios. Pero tampoco soy tonto y puedo decir que lo idiota está de moda.

Las redes sociales nacieron en un principio para la comunicación. Hoy son un pudridero intelectual. Y he aquí la pregunta: ¿las personas son estúpidas y las redes sociales no tienen la culpa? o ¿las personas se sienten tan solas y vulgares que necesitan meterse de lleno en un mundo -que no es real- para calmar su desesperación mientras se agregan a grupos de fans, aplicaciones online y demás?

Y es que joder, en el pasado salieron muy buenas cosas de gente que se moría de asco en la indigencia existencial y metía sus manos de lleno en la mierda de esta vida para tratar de sacar alguna respuesta al asunto, que ya habría tiempo para el suicidio.

No pido la resurrección de Spinozas, Kants, Kierkegaards o Nietzsches. Tampoco me voy al "cualquier tiempo pasado fue mejor". No, pido cierto sentidiño. No perder la cabeza ante la primera idea de moda que surja ni arrodillarse ante la primera deidad celestial (virtual, de silicona, musical... lo que sea que el mal adopta muchas formas) que se nos aparezca; que la revolución francesa y su guillotina ya quedan muy atrás, y la edad media aún más.


Lo que quiero decir es que antes se sabía bien que la vida iba en serio. Se salía a la calle y se colocaban los claveles en los fusiles. No era por las ideas, era por nosotros. La vida y la alegría -también el dolor- eran de verdad.

Que hoy se mueran los pobres de turno y se maten las tribus de siempre no está más que a un click de ratón, y para qué engañarnos, nos importa un bledo; siempre ha pasado y siempre pasará, el mundo siempre ha estado lleno de putadas y de hijos de puta. El peligro es que ese click acerca todo con una asepsia que entumece. Y es tan, tan fácil hacerse fan de la desgracia ajena de moda sin salir de la propia habitación, sin oler los cadáveres pudriéndose que no me extraña que no seamos capaces ya de oler cómo nuestros cerebros también se pudren.




1 comentario:

  1. Más claro que el agua, J., ... De hecho, si la gente saliese de su habitación, o mirase a ambos lados de la zanahoria, habría sobrado este texto

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